Hacia una sociedad de datos y algoritmos

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Del expositor de dispositivos al foro de innovación en los servicios. Esta podría ser la conclusión valorativa de lo que ha dado de sí la última edición del Mobile World Congress (MWC18). Definitivamente, ha dejado de ser una feria de móviles para convertirse en un espacio de reflexión sobre los usos y objetivos que deben tener los desarrollos de software. En efecto, este año se ha evidenciado que, en el proceso creativo, primero hay que pensar en la optimización de los servicios a las personas y, después, en la tecnología que la hará posible.

Desde esta perspectiva, las novedades en las prestaciones de los dispositivos han cedido el protagonismo a las aplicaciones que deben mejorar, a muy corto plazo, la vida de las personas. De la teleasistencia a los quirófanos conectados con 5G e, incluso, a las iniciativas para erradicar la pobreza, los ámbitos de la salud y los servicios sociales han sido los que más innovación aplicada han presentado en el MWC18. También los algoritmos predictivos han sido una pieza clave. Un buen ejemplo es el sistema desarrollado por el Centro de Visión por Computador de la UAB, para hacer estimaciones del número de personas presentes en una aglomeración en imágenes tanto estáticas como en movimiento con el margen de error más bajo alcanzado hasta ahora.

Las tecnologías que hacen posible los servicios estrella presentados en el MWC18 tienen dos nombres propios: inteligencia artificial e internet de las cosas (IoT, Internet of Things). ¿Qué tienen en común? Por un lado, su objetivo, la interconexión de objetos y humanos. Por otro, los datos, que son su núcleo de origen. Porque cualquier aplicación de la IoT o de inteligencia artificial necesita indefectiblemente recoger datos y analizarlos.

Es en este punto donde las administraciones públicas deben jugar un rol fundamental. ¿Cuál? Probablemente, su misión más relevante en este sentido es garantizar la equidad en el acceso a los datos. Se trata de que todo el mundo, independientemente de su contexto socioeconómico, pueda consumir los datos públicos, procesarlos y reutilizarlos para innovar bienes y servicios, tomar decisiones más eficientes y mejorar todo tipo de procesos.

En plena resaca del Mobile, que ha sido más tech que nunca, podemos constatar que nos encontramos ante una cuarta revolución industrial que dará lugar a una sociedad de datos y algoritmos. Es momento, por tanto, de crear espacios de compartición de ideas dentro de las organizaciones públicas que han de asegurar la igualdad de oportunidades en el acceso a esta sociedad. La Generalidad de Cataluña hace años que impulsa una decidida política de apertura de datos y fomento de la reutilización; y ahora seguramente le tocará lidiar para que el open data no se convierta en una nueva brecha digital y social.
Sois todos bienvenidos a participar y compartir vuestras propuestas y experiencias: ¿de qué manera pensáis que las instituciones públicas pueden favorecer mejor la equidad en el acceso a los datos?

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